La Tortuga Laúd

Dermochelys coriacea





La Tortuga Laúd esta adaptada para soportar aguas más frías que las demás especies, hasta 10°C, por lo que se distribuye ampliamente en aguas tropicales y templadas. En el Pacífico se extiende desde el Mar de Bering en Alaska hasta Chilóe en Chile. En el Pacífico mexicano se distribuye en el suroeste de Baja California, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Llevan una vida normalmente solitaria, el macho pasa toda su vida adulta en el mar, mientras que la hembra sale del agua para desovar en las playas (esto es común en todas las especies de tortugas marinas). Sin embargo, en sus migraciones hacia las zonas de puesta forman pequeños grupos.
Es la más grande de las tortugas marinas. Su cuerpo presenta una estructura hidrodinámica muy avanzada, por lo que es la más adaptada al medio acuático de todas las tortugas marinas. El dorso es de color café obscuro o negro y blanco en el vientre. El dorso generalmente presenta manchas blancas. Con relación al cuerpo la cabeza es pequeña. Su talla es de hasta 180 cm de largo del caparazón y 862 Kg de peso.
El caparazón está desprovisto de escudos córneos, formado por numerosas placas óseas de tamaño pequeño y embebidas en una gruesa piel coriácea y lisa; la piel es muy gruesa, impregnada de aceite, que la capacita para conservar su temperatura interna varios grados por encima de la ambiental.

La Tortuga Laúd se alimenta exclusivamente de organismos blandos, especialmente medusas o aguas malas y crustáceos, tunicados, peces juveniles, puestas de peces, y otros organismos epipelágicos de cuerpo suave. Pero esa "dieta especial" se convierte cada vez más en un peligro mortal para estos animales. Obviamente no tienen la capacidad de diferenciar entre medusas y bolsas de plástico, los cuales el hombre tira al mar, sin pensar en las consecuencias, y que flotan en el mar en grandes cantidades. Investigaciones descubrieron resíduos de plástico en estómago e intestino de la mitad de esas tortugas lo cual les causa graves problemas de digestión y en muchos casos la muerte.
La Tortuga Laúd puede rebasar los 1000 m de profundidad en sus inmersiones, aunque la profundidad media es de unos 60 m, con una duración de la inmersión de unos 10 min. La mayor distancia recorrida por una Tortuga Laúd es de 5900 km, aunque es muy posible que en determinados casos lleguen a dar la vuelta al mundo a través de los océanos Atlántico, Indico y Pacífico.
La madurez sexual se alcanza sobre los 14 años. Las hembras también forman arribazones que aumentan numéricamente en las noches más obscuras, llegandose a reunir varios cientos de animales. En la arena se desplazan moviendo sus 4 aletas de manera sincronizada (a la vez), dejando un rastro en la arena muy característico al dejar marcas paralelas. Prefieren las playas largas, lodosas y libres de rocas. Pueden anidar hasta cinco veces por temporada con intervalos de 9 a 10 días, entre una y otra puesta, tardando después varios años en volver a anidar.
Las playas de anidación son el río Marowijne en Guyana y Bigi Santi en Surinam; en el golfo de México, casi no hay anidaciones y en el Caribe, anidan ocasionalmente en isla Contoy y otras islas de Quintana Roo, en isla Mona, Puerto Rico y en el Atlántico en laguna Jalova, Costa Rica. En el Pacífico, en las playas Naranjo, Costa Rica; Terenganú, Malasia y algunas playas de México. En el Pacífico mexicano la temporada de anidación comprende cinco meses, de octubre a marzo en las playas Ceuta y el Verde Camacho en Sinaloa; cabo San Lucas, Baja California Sur; Mismaloya, Chalacatepec y La Gloria, Jalisco; Boca de Apiza, Colima, Mexiquillo, Colola y Maruata, Michoacán; Tierra Colorada, Llano Largo y Piedra de Tlacoyunque, Guerrero y Chacahua, La Escobilla y Barra de la Cruz en Oaxaca.

Actualmente la Tortuga Laúd es motivo de preocupación, porque las anidaciones, principalmente en la playa de Barra de la Cruz han ido en descenso, así como el número de esta especie, que actualmente tiene registros alarmantes. En 1980 se contaban todavía 91 000 hembras, hoy en día el número decendió hasta poco menos de 3000 ejemplares. Científicos americanos culpan de ello a la indústria pesquera, ya que quedan atrapadas en sus redes de arrastre.