Escándalo de prostitutas en la Universidad de Louisville

Por ANGEL

Para los estadounidenses hay pocas cosas más sagradas que el baloncesto. Tal vez el beisbol o el fútbol americano, la triada de grandes deportes que se viven de una manera intensa en el país norteamericano. Y de estas tres disciplinas, sin duda la más vistosa y espectacular es la primera, el básquet, un deporte que ha arraigado en suelo estadounidense desde hace más de un siglo. La competición nacional, la NBA, es uno de los campeonatos deportivos que más dinero mueven a nivel mundial. El equipo nacional de Estados Unidos acostumbra a ganar medalla en todos los grandes campeonatos incluso cuando sus mayores estrellas rechazan participar. El sueño de cualquier niño que juega a encestar en una canasta es llegar a esa competición y medirse con los más grandes. Pisar el mismo parqué que ídolos como Jordan, O´Neall, Bryant o James. Y es un sueño posible para muchos jóvenes americanos.

Lo hemos visto en infinidad de películas sobre institutos y adolescentes, pero lo cierto es que en esas tramas, al menos, el realismo es bastante adecuado. El chico joven que destaca en un deporte y tiene que concentrarse en ser el mejor para poder estudiar en una buena universidad, con una beca deportiva. Es un anzuelo perfecto para presentar a esos chicos todavía menores de edad ante un reto máximo, una responsabilidad que a veces se hace demasiado pesada. Porque no hablamos de chicos en su último año de instituto, sino de jóvenes que deben estar ya concienciados desde los 14 o 15 años para ser deportistas profesionales. Aspirando a todo, buscando los mejores resultados deportivos, pero sin descuidar tampoco los lectivos. Una edad en la que lo natural es querer estar todo el día con tus amigos, buscando chicas y transgrediendo las primeras normas como beber o fumar. Una edad para aprender y para disfrutar de la vida, que se queda reducida a entrenamientos, partidos y poco más. Pero es un sacrificio que, para la mayoría, vale la pena cuando fichan por una gran universidad y tienen la opción de llegar a lo más alto. ¿Cómo convencerles de que ese equipo es el que se merecen? Precisamente ofreciéndoles lo que no han podido disfrutar en ese tiempo.

Una de las canteras más exclusivas de la NBA

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Tenemos que viajar a Louisville, una ciudad del estado de Kentucky, para encontrarnos con una universidad que presume de ser una de las más destacadas deportivamente hablando. Los Cardinals de Louisville son varios equipos de diferentes disciplinas que participan en las competiciones universitarias a nivel regional y también nacional. De hecho, su equipo más laureado y popular es el de baloncesto masculino, que ha llevado la gloria a la universidad en varias ocasiones. Los Louisville Cardinals han dado grandes jugadores a la máxima competición nacional, desde Darren Griffin a Donovan Mitchell. Además, la Universidad logró tres campeonatos de la NCCA, la máxima competición universitaria a nivel nacional, en 1980, 1986 y 2013. Este último, sin embargo, les fue anulado cinco años más tarde, por culpa de un escándalo que todavía está coleando en el mundo del básquet universitario.

Un escándalo sexual inédito

Todo se remonta a 2017, cuando un tribunal deportivo perteneciente a la NCAA, la máxima competición universitaria deportiva, decidió investigar a Louisville. Se habían obtenido pruebas y muchos testimonios que apuntaban a una especie de trama criminal, a través de las cuales la universidad utilizaba fondos dudosos para hacerse con jugadores. De igual forma que los deportistas de instituto se esfuerzan por maravillar a las Universidades, para obtener becas deportivas y estudiar allí, los propios centros educativos también se pelean por las futuras joyas. Y aunque según el reglamento solo pueden ofrecerles becas completas, a veces la competencia llega mucho más allá de eso.

¿Cómo convencer a un chico de 17 años para que fiche por tu universidad? Debes ofrecerle dinero, por supuesto, pero no puedes pasarte de lo que el reglamento estipula. Debes agasajarle con las instalaciones deportivas donde va a entrenar, asegurarle que sus años universitarios serán un trampolín para su futura carrera… Y darle aquello que cualquier chico de 17 años desearía. Fiestas, alcohol y mujeres, aunque no tengan edad ni para lo segundo ni para lo tercero, al menos con la ley en la mano. La NCAA descubrió que Louisville estaba contratando a strippers y prostitutas para organizar fiestas salvajes a las que invitaba a chicos menores de edad, con la intención de convencerles para fichar por la universidad. El escándalo saltó a todos los periódicos de Estados Unidos y sacudió la escena deportiva del país durante meses.

Los patrocinadores, también implicados

Pero no quedó ahí la cosa. Como es evidente, el dinero para organizar esas fiestas debía salir de algún sitio, y la Universidad solía llevar un registro muy ajustado de los fondos destinados a cada disciplina. Contratar a varias escorts por una noche no es precisamente barato, y un gasto así tampoco sería fácil de justificar… a no ser que el dinero llegase por los patrocinadores. El FBI entendió que el asunto era lo suficientemente grave como para revisar posibles tramas criminales, y de hecho, se encontró con algo mucho más grande de lo que parecía. Al tirar del hilo, las pistas llevaron nada menos que a Adidas, el patrocinador de la Universidad en lo que respecta a deportes.

La firma, una de las más populares del mundo, había estado entregando dinero a Rick Pitino, hombre fuerte de los Cardinals, para que le llegase a las familias de los chicos. Pagos que tal vez podrían considerarse como sobornos, aunque desde Louisville siempre los llamaron “obsequios”. El caso es que ya no estábamos hablando de algo que infringe el reglamento de la NCAA, sino de un delito que podía terminar con mucha gente entre rejas. El tribunal deportivo, por su parte, despojó a la Universidad del título de 2013, y de todas las victorias obtenidas entre 2010 y 2014, los años en los que estas fiestas quedaron totalmente probadas. Louisville expresó su malestar por aquella decisión, que consideraban exagerada, y despidió a Rick Pitino, para demostrar su compomiso con la competición. No sirvió de mucho. La imagen ya estaba manchada para siempre.

Prostitución para conseguir jugadores

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El escándalo llegó a los titulares de prensa y se trató con todo el morbo y el amarillismo típico del show bussiness en Estados Unidos. Se descubrió que la universidad, a través de diferentes hombres de confianza, contrataba a una madame de la zona para organizar fiestas donde las chicas seducían a los jugadores. La mayoría de ellos eran menores de edad, no podían beber, y el hecho de estar con chicas mayores podría suponerles un gran problema a ellos y a ellas. No había solo strippers. También se contrataron los servicios sexuales de prostitutas que accedían a tener encuentros con estos chicos a cambio de dinero. Era una forma de convencerles para que optaran por Louisville frente al resto de universidades. Y es que el deporte es importante, pero el sexo siempre sigue estando por encima…